Estupidología : catalogo de estupideces

3 Mar


 

Quien esté libre de estupidez, que se dé con un tormo en la cabeza. Los belgas son tontos para los franceses y ser de Lepe ga­rantiza algún que otro chistecito, pero es la socie­dad estadounidense la que proporciona los mo­mentos más hilarantes a su público fiel. El an­tiamericanismo de todo a cien lo resumiría en que se trata de un país de idiotas, nada que ver con la inteligentísima Europa, a la que se le sale el cociente intelectual por las orejas (de burro, a veces). Lo cierto es que tienen su punto, una ex­traña sofisticación de la estulticia, un toque deli­ciosamente absurdo. Los hermanos Kathryn, y Ross Petras son expertos en sacar los colores de sus compatriotas. Después de «Las 776 cosas más estúpidas jamás dichas», «Sexo estúpido» o «Poe­sía muy mala», han publicado «Unusually Stupid Americans; que acaba de se rpublicado en España con el horrible título de «Estupidez made in USA». Un prescindible pero desternillante compendio de idioteces de toda clase. Por ejemplo, en la página web de Hacienda se explica que «los in­gresos ilegales, como el dinero robado o defrauda­do, deben incluirse en los ingresos brutos». El si­guiente trabajo de los Petras tendría que ser in­vestigar si algún bruto escrupuloso fiscalmente ha hecho caso computando el botín del asalto al «chino» de la esquina como ingreso ídem.

Pero si hay un clásico en la memez es el referi­do a las demandas judiciales. Veamos. 24.000 dóla­res recibió un atracador de San Francisco. De­mandó a un taxista que, al ver el atraco, lo atrapó inmovilizándolo contra una pared con su coche. O este otro, y abróchense los cinturones, que di­ría Margo Channing, los 14.000.000 dólares solta­dos a una neoyorquina por las lesiones que le cau­só el metro (hay que aclarar que el tren le dio mientras estaba tumbada en la vía con vistas a suicidarse). No es de extrañar que, con jurados tan comprensivos, las empresas anden con pies de plomo a la hora de etiquetar sus productos. Así, en un taladro eléctrico: no utilizar este apa­rato.como torno dental; en un cochecito plegable de bebé: quitar el niño antes de plegar; en un man­do a distancia del televisor: no meter en el lavava­jillas; en un quitanieves: no usar el quitanieves en el techo, o en una escobilla de wáter: no usar oralmente. El mismo miedo a la Justicia (esa señora de ojos vendados que deja en manos de mar­molillos la administración de la misma) hace que un tipo marque el 1911 y plantee: «El árbol de un vecino ha caído sobre mi casa. Los vecinos no están en casa. ¿Me demandarán si lo corto en pe­dazos?». Lo que no entiendo es, visto lo anterior, por qué califican los autores esta llamada de estúpida. Como dirían en otra de esas llamadas, quie­ro presentar una queja unánime, así que, por favor, no ponga mi nombre.

Fuente: Ver

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