La fiesta de Némesis

14 Feb

“Es una suerte que haya dejado de estar de moda el Día de San Valentín”  <…>  “No existe ninguna manera de demostrar tus sentimientos hacia las personas a las que simplemente aborreces. Eso es lo que de verdad necesita desesperadamente nuestra moderna civilización”

 

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Es una suerte que haya dejado de estar de moda el Día de San Valentín — dijo la señora Thackenbury—. Con Navidad, Año Nuevo y Pascua, por no hablar de los cumpleaños, hay ya bastantes días para el recuerdo. Estas últimas Navidades traté de evitarme problemas enviándoles flores a todos mis amigos, pero no sirvió de nada; Gertrude tiene once invernaderos y unos treinta jardineros, por lo que habría sido ridículo enviarle flores, y Milly acaba de inaugurar una floristería, por lo que resultaba también fuera de cuestión. La tensión de tener que decidir precipitadamente qué les regalaba a Gertrude y a Milly cuando creía tener toda la cuestión solucionada me arruinó totalmente las Navidades, por no hablar de la terrible monotonía de las cartas de agradecimiento: «Te agradezco mucho tus encantadoras flores. Fuiste tan amable al pensar en mí». Desde luego que en la mayoría de los casos ni siquiera había pensado en los receptores; sus nombres estaban en mi lista de «personas a las que no hay que olvidar». De haber tenido que confiar en mi memoria se hubieran producido terribles pecados de omisión.

—Lo malo es que todos estos días en los que se entromete el recuerdo persisten en referirse a un aspecto de la naturaleza humana e ignoran totalmente el otro —le comentó Clovis a su tía—. Por eso se han hecho tan superficiales y artificiales. En Navidad y Año Nuevo la convención te estimula a enviar efusivos mensajes de optimista buena voluntad y afecto servil a personas a las que apenas te atreverías a invitar a almorzar a menos que no te hubiera fallado un comensal en el último momento; si estas cenando en un restaurante en la víspera de Año Nuevo se espera que, cantando «For Auld Land Syne», estreches la mano de desconocidos a los que nunca habías visto y no deseas volver a ver. Pero no se permite licencia alguna en la dirección opuesta.

—¿Dirección opuesta? ¿Qué dirección opuesta? —quiso saber la señora Thackenbury.

—No existe ninguna manera de demostrar tus sentimientos hacia las personas a las que simplemente aborreces. Eso es lo que de verdad necesita desesperadamente nuestra moderna civilización. Piensa lo divertido que resultaría si se destinara un día específico a liquidar antiguas cuentas y rencores, un día en el que se nos permitiera ser graciosamente vengativos con una lista, cuidadosamente atesorada, de «personas a las que no hay que olvidar». Recuerdo que en la escuela teníamos un día, creo que era el último lunes del trimestre, dedicado al arreglo de rencores y enemistades; desde luego que no lo apreciábamos en la medida que se merecía, pues al fin y al cabo cualquier día del trimestre podía utilizarse con ese fin. Pero si unas semanas antes uno había castigado a un niño pequeño por haber sido descarado, ese día podía permitirse recordar el episodio castigándole de nuevo. Eso es lo que los franceses llaman la reconstrucción del crimen.

—Pues yo lo llamaría la reconstrucción del castigo —comentó la señora Thackenbury—. Pero, de todas maneras, no veo de qué manera introducir en la vida adulta y civilizada un sistema de primitiva venganza escolar. No hemos vencido nuestras pasiones, pero se supone que hemos aprendido a mantenerlas dentro de unos límites estrictamente decorosos.

—Desde luego que habría que hacerlo furtiva y cortésmente —insistió Clovis—. Lo encantador del asunto es que nunca resultaría superficial, como con la otra parte. Por ejemplo, ahora te estás diciendo a ti misma: «Debo mostrar a los Webley alguna atención durante la Navidad, pues fueron muy amables con la querida Bertie en Bournemouth», de manera que les envías un calendario, por lo que durante seis días seguidos desde la Navidad el señor Webley le pregunta a su esposa si se ha acordado de agradecerte el calendario que les enviaste. Pues bien, traspasa esa idea al otro aspecto de tu naturaleza, más humano, y piensa que te dices a ti misma: «El próximo jueves es el Día de Némesis, ¿qué demonios puedo hacer con esa odiosa gente de la puerta de al lado que montaron un alboroto tan absurdo cuando Ping Yang mordió a su hijo pequeño?» Entonces el día designado te levantas terriblemente pronto, te metes en su jardín y empiezas a cavar buscando trufas en su pista de tenis con una buena horquilla de jardinería, eligiendo desde luego la parte de la pista que está oculta por los arbustos de laurel, para evitar a los mirones. No encontrarías ninguna trufa, pero sí una gran paz, una paz que nunca podría proporcionarte la costumbre de dar regalos.

—Jamás haría tal cosa —afirmó la señora Thackenbury, aunque su tono de protesta parecía un poco forzado—. Me sentiría como un gusano.

—Exageras la capacidad de perturbación que puede producir un gusano en el limitado tiempo disponible —contestó Clovis—. Si dedicas diez minutos agotadores a trabajar con una horquilla verdaderamente útil, las consecuencias podrían sugerir la actuación de un topo inusualmente diestro o de un tejón con prisa.

—Podrían sospechar que lo he hecho yo —dijo la señora Thackenbury.

—Claro que lo harían. Ahí estaría precisamente la mitad de la satisfacción del acto, lo mismo que te gusta que en Navidad la gente sepa qué regalos o tarjetas les has enviado. Desde luego que todo sería mucho más fácil cuando estás en términos exteriormente amigables con el objetivo de tu desagrado. Imagina por ejemplo a la pequeña glotona de Agnes Blaik, que sólo piensa en la comida: sería muy sencillo invitarla a un picnic en algún bosque salvaje y conseguir que se perdiera poco antes de servirse el almuerzo; cuando volvieras a encontrarla habría desaparecido hasta el último bocado.

—Haría falta una estrategia que no está al alcance de un ser humano ordinario para perder a Agnes Blaik cuando el almuerzo fuera inminente: de hecho, no creo que pudiera conseguirse.

—Pues entonces que todos los demás invitados fueran personas que te desagradan, y lo que se perdería sería la cesta con el almuerzo. Podría haberse enviado accidentalmente a una dirección equivocada.

—Sería un picnic terrible —comentó la señora Thackenbury.

—Para ellos, pero no para ti —explicó Clovis—. Antes de partir habrías tomado un almuerzo temprano y gratificante; incluso podrías mejorar el caso mencionando con detalle los elementos del banquete perdido: la langosta Newburg y los huevos con mayonesa, así como el curry que se habría calentado en una fuente preparada a tal efecto. Agnes Blaik estaría delirando mucho antes de que hubieras llegado a la lista de vinos, y en el largo intervalo de espera, antes de que hubieran abandonado toda esperanza de que apareciera el almuerzo, podrías proponer juegos estúpidos, como ése tan idiota de «la cena del alcalde», en el que cada uno tiene que elegir el nombre de un plato y hacer algo estúpido cuando se dice en voz alta ese nombre. En ese caso, probablemente romperían a llorar cuando se mencionara su plato. Sería un picnic fantástico.

La señora Thackenbury guardó silencio unos momentos; probablemente estaba redactando una lista mental de las personas a las que le gustaría invitar al picnic del duque de Humphrey. De pronto preguntó:

—¿Y a ese odioso joven, Waldo Plubley, que siempre se está mimando a sí mismo, has pensado algo que se le podría hacer?

Era evidente que había empezado a entender las posibilidades del Día de Némesis.

—Si se observara esa fiesta de manera general —contestó Clovis—, Waldo estaría tan solicitado que tendrías que haber hablado con él con semanas de antelación; pero aun así, si soplara viento del este o hubiera una o dos nubes en el cielo, cuida tanto su preciosa persona que sería difícil que saliera. Resultaría bastante divertido que pudieras atraerle hasta una hamaca del jardín situada justo al lado de donde hay un nido de avispas todos los veranos. Una cómoda hamaca en una tarde calurosa atraería a su gusto por la indolencia, y luego, cuando se estuviera durmiendo, podrías meter una mecha encendida en el nido para que las avispas salieran como una masa indignada y encontraran pronto «un hogar lejos del hogar» en el corpulento cuerpo de Waldo. Se necesita algo de tiempo para bajarse apresuradamente de una hamaca.

—Le picarían hasta matarlo —protestó la señora Thackenbury.

—Waldo es una de esas personas que mejoraría enormemente con la muerte —contestó Clovis—. Pero si no deseas llegar hasta ese punto, puedes tener preparada paja húmeda para encenderla debajo de la hamaca al tiempo que arrojas la mecha al nido; el humo haría que permanecieran fuera de la línea de picado todas las avispas menos las más militantes, y mientras Waldo permaneciera dentro de la protección del humo, escaparía a un daño grave, para devolvérselo finalmente a su madre, totalmente ahumado e hinchado en algunas partes, pero todavía perfectamente reconocible.

—Su madre se convertiría en mi enemiga de por vida —dijo la señora Thackenbury.

—Pues un saludo menos que intercambiar en Navidades —contestó Clovis.

En pleno seguimiento de esta fiesta tan famosa, recuerdo esta joya de la literatura, que encierra una critica quizá por muchos pensada a las fiestas que con tanto fervor celebramos. El cuento La fiesta de Némesis, pertenece al autor Britanico Hector Hugh Munro “Saki” de quien ya habíamos publicado previamente una curiosa obra, cuyo protagonista en un gato parlante, llamado Tobermory (Ver enlace) . 

Deseos Reprimidos: los infinitos montones de malas palabras

1 Oct

“… Y de permitirse por fin un instante rebeldía, el instante tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la resignación por el fundamento, y cagarse de una vez en todo, y sacarse del corazón los infinitos montones de malas palabras que había tenido que atragantarse en todo un siglo de conformidad…”*

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Por: el Rincón de lo Humano.

En este mundo de locos, lo normal es sentirse inconforme, el vacío existencial se apodera cada vez de todo y la relación con el entorno, no suele ser la mejor. La mayoría de nosotros, va corriendo a un punto móvil y hacemos lo que podemos para sobrevivir con, por o a través de otros.

Las múltiples exigencias de un mundo que cada vez pide mas de nosotros y nos ofrece cada vez menos, terminan por agobiar hasta al mas fuerte de todos. Es en dichos momentos, digo momentos porque no es uno solo, ni aislado, ya que ocurren muy seguido, cuando sin lugar a dudas, la intervención del párrafo puede entrar en escena y si lo hace, resultaría muy pertinente.

Creo es hora que despotriquemos un poco y nos saquemos del corazón los infinitos montones de malas palabras que llevamos dentro. Basta de envenenarnos, liberémonos un tanto, así como lo registra esta obra maestra de la literatura universal, a la cual pertenece el párrafo.

* Tomado del libro Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. Editorial Sudamericana, Buenos Aires (1967).

El Amor que Dura Cien Años

17 Sep

Una vez, soñamos los dos que no nos conocíamos. Y nos conocíamos. Y nos despertamos a ver si era verdad que nos amábamos”. *

flores japon

Por: El Rincón de lo Humano

Es impactante el significado de cien años, implican la vida, la muerte, lo finito. Dentro cien años, la mayoría no estaremos, sin embargo, cien años no nos preocupan.

Hubo alguien a quien cien años si que preocuparon  y los imaginó plenamente. Por esto, los dejo enmarcados en su poema llamado el jardinero. No se que pudo estar pensando, pero lo que yo creo, es que al ver la efímera y hermosa vida de una flor, se dio cuenta de lo hermosa y efímera que es la vida humana y que todos somos un tipo de flor distinta, pero con un final bastante similar. Sabía, posiblemente por experiencia propia, que los amores y casi cualquier sentimiento de cien años, si son plasmados en las letras o cualquier arte, sobreviven.

El Jardinero

¿Quién eres tú, lector, que dentro de cien años leerás mis versos?

No puedo enviarte ni una flor de esta guirnalda de primavera, ni un solo

rayo de oro de esa nube remota. Abre tus puertas y mira a lo lejos.

En tu florido jardín recoge los perfumados recuerdos de las flores, hoy marchitas, de hace cien años.

Y te deseo que sientas, en la alegría de tu corazón, la viva alegría que

floreció una mañana de primavera, cuya voz feliz canta a través de cien años.

                                                                                          Rabindranath Tagore

Tagore, fue premio nóbel de literatura en 1913 y es autor de una variada y amplia producción literaria. En verdad, era un genio de los misterios interiores del ser humano, les dejo otro fragmento, que pertenece al poema Soledad.

La noche me mira con sus ojos estrellados.

En el aire cálido palpitan besos y caricias.

¡Y nadie viene a acompañarme!

Aprovecho la oportunidad, para enviar saludos y agradecimientos a Leo de la Torre, por el privilegio de hacer mención de mi entrada en su blog. Gracias amigo.

* Fragmento, poema Pájaros Perdidos, Rabindranath Tagore.

La coma, esa puerta giratoria del pensamiento

27 Jul

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Una coma puede ser una pausa. O no…

No, espere.

No espere.

Puede hacer desaparecer su dinero.

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Puede crear héroes…

Eso solo, él lo resuelve.

Eso, solo él lo resuelve.

Puede ser la solución.

Vamos a perder, poco se resolvió.

Vamos a perder poco, se resolvió.

Cambiar una opinión.

No queremos saber.

No, queremos saber.

La coma puede condenar o salvar.

¡No tenga clemencia!

¡No, tenga clemencia!

Vamos a comer niños.

Vamos a comer, niños.

Ante esto, el único comentario que queda por realizar, es que siempre debemos tener cuidado, tanto con lo que intentamos decir, como con lo que realmente decimos. Porque si una coma es capaz de alterar todo el significado de una frase, ni que decir lo que lograría una palabra.

El escrito, es autoría de Julio Cortázar y me parece que deja una lección flotando en el ambiente. Espero todos la aprovechemos y de paso meditemos en este otro, también atribuido al autor.

Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda“.

Si usted es mujer, con toda seguridad pondría la coma después de la palabra mujer. Si usted es varón, con toda seguridad pondría la coma después de la palabra tiene.

Es de reconocer la sencillez que reviste esta obra maestra. Espero la disfruten.

Imagen: algoritmolinguistico.com

Tres Razones por las que nos Incómoda la Soledad

18 Jun

“Pero lo que no se cultiva, no se cosecha y en los vaivenes internos, nadie puede robar a otro ni dar  aquello que no tiene”.

Soledad

Soledad es un termino verdaderamente amplio. Según el diccionario de la Real Academia Española, proviene del latín solĭtas y hace referencia a la carencia voluntaria o involuntaria de compañía, a un lugar desierto o  al pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Una vez definida, veremos algunas ( de seguro existen muchas mas) de las razones que mas nos molestan en relación a la soledad.

Poco deseo de escuchar nuestro ser interior: si algo aumenta con la soledad es la reflexión, esto cada vez es menos frecuente en la actualidad. Por tanto al sentirnos solos, ese universo interior nos desborda. Ya que nos muestra quienes somos en realidad. Lo cual no es precisamente negativo, solo que debe ser encaminado de manera adecuada, para tener capacidad autocrítica, sin dañarnos en el proceso.

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Cuestionamientos: quién no se ha encontrado en la penosa situación de tener que pedir respeto por los temas personales o tener que aclarar que no desea hablar de lo que le pasa.

Nada como la soledad para atraer a muchos curiosos a preguntar ¿Que te pasa? Lo cual genera dos problemas, primero nuestra propia molestia y luego la que se puede causar al otro, que a veces ( no siempre) solo desea ayudar.

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Temor: este es quizá el mas importante de los puntos, porque fácilmente engloba de alguna manera a todos los demás.

En la soledad surgen muchas cosas útiles para nuestro autoconocimiento y no siempre son las que desearíamos. La realidad de lo que somos surge ante el silencio. Siendo ello una de las partes que en verdad causan el agrandamiento de los síntomas. Porque veces, esperamos encontrar mas cosas allí en nuestro interior y no hallamos tanto como quisiéramos.

Pero lo que no se cultiva, no se cosecha y en los vaivenes internos, nadie puede robar a otro ni dar  aquello que no tiene.

Aclarando también, que la soledad en su sentido positivo, puede darnos paz y claridad respecto a las situaciones. Debido a que nos distancia en buena medida de ellas.

Imágenes: Propiedad de  Lee Acaster.

“Los Nadies”-Eduardo Galeano

16 Abr

“… Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada” .


mejores-poemas

De las muchas cosas que admiro en el mundo, es su manera de sorprendernos, incluso con cosas que sabemos ya.

Analicemos cuantas cosas sabemos, que al ser expresadas por otra persona, parecen verdades recién descubiertas a nuestros ojos. No sé porqué funcionamos de esa manera o si mas que funcionamiento, sea un defecto adaptado en nuestro camino personal.

Hoy, sin mucho que agregar. Cuando se cita tan grande obra, es difícil añadir detalles sin caer en la soberbia.

Buen viaje Eduardo.

Agradecimientos imagen: La Voz.

 

 

 

Noviembre es el Décimo Mes

27 Mar

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Por : El Rincón de lo Humano

No había ocurrido nada importante durante mi caminata, hasta que noté dos personajes discutiendo en la entrada de un centro comercial.

La escena me causó mucha curiosidad, debido a lo agitado que resultaba aquella pareja de aparente madre desconcertada y avergonzada, con hijo adolescente autoritario.

La cuestión transcurrió mas o menos de la siguiente forma.

– El chico hablaba por teléfono, con aspecto iracundo y decía: ¡Mama! La fecha es veintiséis de noviembre, así que toca corregirla.

– ¡Entonces corrígela! Dijo la madre con resignación airada, aquella que vamos ganando con los años.

El chico,  cargado con la emoción de una contundente victoria, pronuncia de manera casi ceremonial a su receptor telefónico: “la fecha correcta es veintiséis de noviembre”, “es decir mmm… veintiséis  del mes diez, porque noviembre es el mes diez”. Dicho esto cuelga el teléfono y le dice con aire amoroso a su madre: “asunto arreglado”.

Nuestra pareja ingreso al centro comercial, sin mucha prisa, intercambiando ademanes que demostraban una pronta reconciliación, en el contexto de un error que ha sido corregido a tiempo.

 A cinco pasos de esta escena(que transcurrió muy rápido) , noto el detalle del fallido mes onceavo, seguí mi camino y medite unos segundos sobre el poder de las palabras.

Imagen :Kevin Corrado

Los Vericuetos del Lenguaje

5 Mar

“Ni que decir de aquel pobrecillo que intentando diferenciar entre  “beach” y “bitch”  ha elegido la pronunciación equivocada”

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Por:El Rincón de lo Humano.

Siempre las palabras serán eso, palabras. Cuanto desearíamos que esto fuese cierto.

A veces las palabras cobran vida y añadir un punto y quizás una coma, o lo que es peor un punto y coma, ha causado mas de un enredo.

Esa serie de signos y símbolos, pueden tener vida propia, generar y deshacer pasiones, amores y odios. Cuantos amoríos deshechos por un par de malas combinaciones de un adverbio, un verbo y al menos dos pronombres.

Ya verá cada uno con su reflexión, en ocasiones han ocurrido verdaderos desastres, ni que decir de aquel pobrecillo que intentando diferenciar entre “beach” y “bitch”  ha elegido la pronunciación equivocada.

Son símbolos, pero vaya que cobran vida o mas bien, toman parte de nosotros y se hacen vitales, a veces hasta inmortales.

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A veces hablo con los seres humanos como habla el niño con su muñeco. El niño sabe ciertamente que el muñeco no le entiende, pero, mediante un agradable autoengaño hecho a sabiendas, se da la alegría.

Arthur Schopenhauer / Parábolas, aforismos y comparaciones (fragmento).

Imagen cortesía: iheartthestreetart.com

La Rosa de Paracelso y los Días que no Deberían Existir

4 Mar

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Por: El Rincón de lo Humano.

Si arrojamos esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que solo su apariencia puede cambiar”.

Es uno de estos días, uno de aquellos días en que parece que la infancia fue ayer y que el presente es muy poco prometedor. Una especie de parvulario giratorio en el espacio sideral, en el que todos nos presentamos en algún momento sin muchos deseos de jugar y que afortunadamente después olvidamos.

Existen los  colores neutros, nada mas aburrido o sorprendente que no poder definir un color. Lo cierto, es que el color no deja de ser, porque no sepamos definirlo. Aquí estamos y universo nos ve pasar. Disfrutemos el tiempo y espacio que nos queda.

Hoy les comparto una joya del maestro Jorge Luis Borges.  Que aunque fue escrito con anterioridad, aparece recopilado en ” La memoria de Shakespeare” (1983). En lo personal, me encantó.

Un abrazo.

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo.
Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor, cuando golpearon la puerta.
El hombre, somñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de sus hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron palabra.
El maestro fue el primero que hablo.
– Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente, dijo no sin cierta pompa.
No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y que deseas de mi?
– Mi nombre es lo de menos- replico el otro.

Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Saco un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquieto.
Se recostó, junto la punta de sus dedos y dijo:
– Me crees capaz de elaborar la piedra que cambia todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco y si es oro te importa, no serás nunca mi discípulo.
– El oro no me importa respondió el otro.

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Estas monedas no son más que la prueba de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra. Paracelso dijo con lentitud:
– El camino es la piedra. El punto de partida es la piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aun a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro lo miro con recelo. Dijo con voz distinta:
– Pero ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
– Mis detractores que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que “hay” un camino. Hubo un silencio, y dijo el otro:
– Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.
– ¿Cuándo? , dijo con brusquedad Paracelso.
– Ahora mismo, dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora en alemán. El muchacho elevo en el aire la rosa.
– Es fama, dijo, que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

– Eres muy crédulo, dijo el maestro. No he menester de la credulidad; exijo la fe. El otro insistió.
– Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.
– Eres crédulo, dijo. ¿Dices que soy capaz de destruirla?
– Nadie es incapaz de destruirla, dijo el discípulo.
– Estas equivocado. ¿Crees por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?
– No estamos en el paraíso- dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal. Paracelso se había puesto en pie.
– ¿En que otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la caída es ignorar que estamos en el Paraíso?
– Una rosa puede quemarse, dijo con desafió el discípulo.
– Aun queda fuego en la chimenea, dijo Paracelso. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que solo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.
– ¿Una palabra? , dijo con extrañeza el discípulo. El atanor está apagado y estan lleno de polvos los alambiques. ¿Qué harias para que resurgiera?

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Paracelso le miro con tristeza.
– El atanor esta apagado, repitió, y están lleno de polvo los alambiques.
En este tramo de mi larga jornada uso otros instrumentos.
– No me atrevo a preguntar cuáles son, dijo el otro con astucia o con humildad.
– Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:
– Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexiono. Al cabo de un rato dijo:
– Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas. Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:
– Además ¿quién eres tu para entrar el la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replico tembloroso:
– Ya se que no he hecho nada. Te pido en el nombre de los muchos años que estudiare a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y solo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.

Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
– Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí esta la ceniza que fue rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodillo y le dijo:
– He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea mas fuerte y seré tu discípulo y al cabo de Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era el, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie? Dejarle las monedas de oro seria una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompaño hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre seria bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.

Paracelso se quedo solo. Antes de apagar la lámpara y sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de cenizas en la mano contaba y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.

Jorge Luis Borges. La memoria de Shakespeare” (1983). 

Imagen:La Rosa Meditativa (1958)

Carta a un Amigo

30 Dic

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Hola Querido Amigo.

Deseo que las cosas anden bien para vos y toda tu familia.
Me alegra saber que sigues avanzando y que siempre has tenido claro tu deseo por compartir con los demás. Sean conocimientos, historias de vida y hasta espacios de tu interioridad.
Este año ha sido de mucha búsqueda, mucha reflexión. He leído cerca de un centenar de libros, al punto de preocuparme la avidez hacia la lectura y me pregunto ¿ que busca aquel que lee? ¿ Cuando terminará esa búsqueda?.
Cada cosa lleva a la otra y se incrementa con aquellos que vemos y con quienes nos relacionamos a diario. El universo por momentos deja de ser uno, inmenso e inimaginable y se constituye en esa simple persona que tenemos frente a nosotros, de allí esta labor tan amplia como las vivencias de cada ser.
Creo que al estar frente a ese otro, se hace mas claro que existe una voluntad superior, que nos impregna y hace que las múltiples cuerdas de este instrumento universal, suenen en una melodía que va mas allá de nuestra existencia.
Ese otro, nos muestra que también él es un universo y que por alguna razón finalmente desconocida ( digo al averiguar la causa ultima de ese acercamiento) se comparte completamente a nosotros; es decir, su océano de profundidades se muestra y permite que nosotros seamos viajeros de esos océanos infinitos, donde a veces naufragamos; pero sin duda nosotros jamas olvidamos las aguas en que nos sumergimos.
A veces los sueños, por extraño que parezca, nos eligen a nosotros. Es una idea extravagante, pero también temible. Aunque a mi, me resulta emocionante.
Hemos elegido compartir y vivir, he aquí los frutos.
Te deseo felices fiestas y cito a mi querido abuelo, que al ver a mi hermano le pregunto por mi y le dijo: “Donde esta aquel que se dedica a los pensamientos”
Felicidad y bendiciones hermano.
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